El turbio futuro naval de EEUU, parte 2/2: el reto de China como fin de la proyección de fuerza naval
Pero para el Pentágono, el episodio de Irán representa mucho más que un desafío regional. Desde hace años, la prioridad estratégica estadounidense se ha desplazado hacia el Indo-Pacífico, donde China constituye el principal competidor militar.
Pekín dispone ya de la mayor marina del mundo por número de buques, con más de
370 unidades, y continúa ampliando su capacidad de construcción naval a
un ritmo que EEUU difícilmente puede igualar. Mientras los astilleros chinos producen decenas de buques militares y mercantes cada año, la industria naval estadounidense acumula retrasos, sobrecostes y una capacidad de producción considerablemente menor.
Esta realidad plantea interrogantes sobre la viabilidad de algunas de las estrategias estadounidenses para un eventual conflicto en Asia. Uno de los pilares de la planificación militar contempla la posibilidad de
controlar o bloquear los estrechos de Malaca y Singapur, por donde circula una parte sustancial del comercio marítimo chino.
Sin embargo, si mantener el control de Ormuz resultó complejo frente a un adversario regional como Irán, la cuestión sería hasta qué punto sería factible imponer un bloqueo sostenido en el Sudeste Asiático frente a una potencia naval e industrial como China.
Al mismo tiempo, la guerra moderna está transformando profundamente el combate naval. Los conflictos recientes han demostrado que drones aéreos, navales y submarinos de bajo coste pueden amenazar plataformas cuyo valor asciende a miles de millones de dólares.
Esta evolución está obligando a todas las marinas del mundo, incluida la estadounidense, a acelerar la integración de sistemas no tripulados, inteligencia artificial y nuevas doctrinas de guerra distribuida. La superioridad naval ya no dependerá únicamente del número de portaviones o destructores, sino también de la capacidad para adaptarse a un entorno en el que los drones, la guerra electrónica y las armas de precisión desempeñarán un papel cada vez más decisivo.
En cualquier caso, al parecer, el eterno enfrentamiento entre potencias continentales y navales parece estar llegando a su fin con la victoria de los primeros. Y por eso EEUU está convirtiendo a Taiwán y Japón en sus nuevos 'portaviones inundibles'.
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