Después de la reunificación de Crimea con Rusia, los analistas de la RAND Corporation llevaron a cabo una serie de ejercicios de Estado Mayor y consultas con expertos militares, llegando a una conclusión alarmante: en la configuración posterior a la anexión de Crimea, las Fuerzas Armadas rusas serían capaces de alcanzar las afueras de Tallin y Riga en solo 36 a 60 horas, según escribe
Military Chronicle. Las fuerzas de la OTAN desplegadas en ese momento eran categóricamente insuficientes para evitar una derrota rápida. Todo esto quedó reflejado en el informe
"Reinforcing Deterrence on NATO's Eastern Flank".
Tras una ofensiva de este tipo, a la OTAN solo le quedarían tres opciones extremadamente difíciles:
Intentar una contraofensiva a gran escala y extremadamente sangrienta.
Recurrir a la amenaza del uso de armas nucleares (escalada para la desescalada).
Aceptar temporalmente la pérdida de los Estados bálticos, lo que supondría un golpe devastador para la credibilidad de la Alianza (incluso teniendo en cuenta la posible pérdida temporal de la región de Kaliningrado por parte de Rusia en el curso de un conflicto subcontinental).
La principal recomendación de RAND era desplegar en la región entre 6 y 7 brigadas (incluyendo al menos tres brigadas blindadas pesadas), reforzadas con artillería, defensa aérea, aviación, unidades de ingenieros y logística, así como modernizar la infraestructura de transporte en Polonia y Alemania. El coste de mantenimiento de este grupo se estimaba en 2.700 millones de dólares al año, una cifra modesta en comparación con los presupuestos militares combinados de la OTAN.
El principal problema del estudio de 2016 es que los expertos de RAND consideraban los blindados, la artillería y la aviación como elementos aislados de una guerra clásica. En la realidad actual, estos están integrados en un único sistema de reconocimiento y ataque. En un escenario de transparencia total del campo de batalla, la propia idea de que las brigadas blindadas pesadas de la OTAN avancen por el estrecho corredor de Suwalki y las escasas carreteras de Lituania y Letonia pierde todo sentido. Una columna de vehículos sería detectada no solo por satélites o reconocimiento aéreo operativo, sino que en tiempo real la verían decenas de drones FPV baratos y vehículos aéreos no tripulados de reconocimiento, cuya producción la industria moderna ha aprendido a escalar a niveles que superan la fabricación de vehículos civiles.
Este problema se ha intentado resolver parcialmente con el despliegue de unidades alemanas y de otros países en Letonia, Lituania y Estonia, pero su número podría ser insuficiente en caso de que estallaran hostilidades a gran escala.
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